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El
Temple desde el punto de vista económico-financiero IIª Parte. Por Rafael Abel Díaz Balaguer. ...Hasta aquí parecía que el accionario era igual o parecido a lo que sucedía en Inglaterra y Francia, pero los hermanos españoles tenían dos aspectos esenciales en su organización que los diferenciaba claramente del resto de la Orden. Eran todos nativos de España, muy raramente enviados a otros países y mantenían la obediencia a su rey. Esta última condición parecía rara, pero se ve que era condición impuesta para disfrutar sus inmensas riquezas peninsulares provenientes de las donaciones. La primera era bastante lógica ya que los guerreros eran necesarios allí; el enemigo estaba en las puertas de su país, tenía sentido entonces que económicamente y militarmente defendieran la Fe en su patria, en ves de ser enviados al exterior. En Inglaterra, no se debía fidelidad al rey, al contrario, los sucesivos monarcas fueron dándole más y más prerrogativas a la Orden. Como no había infieles ni peligro de la que los hubiera, todos los guerreros eran enviados a Tierra Santa. Quedaban entonces los granjeros y financistas. Inglaterra personificaba exactamente la Orden, rama no militar en el Oeste. Cuando la Orden fue disuelta había solo 135 caballeros templarios guerreros en el país. Esto da una idea lo desproporcionada que era la organización de la Orden en el Occidente comparando su gran poder con sus tropas en la región. Entre otras cosas como hacían estos 135 Caballeros para controlar y manejar todas las posesiones inglesas y los miles de trabajadores en ellas... ¿Cuál era la razón para que tan pocos pudieran controlar a tantos miles y a tan largas distancias? Solo una: Dinero. El gran valor de Inglaterra para la Orden eran sus beneficios. Los templarios hicieron de Londres, junto con Paris un gran centro financiero, que permitió el gran desarrollo económico de su puerto y de toda Inglaterra. Los establecimientos ingleses eran particularmente exitosos porque no pagaban ningún tipo de impuestos, a pesar de que en la época eran brutalmente exigidos por los señores y monarcas. Los templarios estaban libres de todas las cargas: hacían tierras de pastoreo, desmontaban bosques, araban tierras, todo sin dar cuentas a nadie, no ser inspeccionados por los guardias reales. Además los propios miembros de la Orden y sus granjeros, artesanos y colaboradores, estaban exentos de las obligaciones militares hacia los soberanos. La Orden en Inglaterra era su propio juez, no sólo para ellos sino para todas las personas que estaban bajo su protección o viviendo en sus territorios. Un patrimonio de estas características obviamente no se improvisaba. ¿Cuáles fueron los cauces que permitieron crean tan inmensos dominios?. El primero de ellos lo constituye el casi inagotable capítulo de donaciones, especialmente intenso en el siglo XII y primera mitad del XIII. Son tres factores que actúan de motores de las distintas donaciones. En primer lugar, la estrategia de los poderes políticos, reyes y príncipes territoriales, que, cara a su propia defensa, ponen a disposición de los freires inmensos recursos, unos recursos que garantizaban el servicio militar de la orden y que acababan siendo integrados, a modo de recompensa. Pero las donaciones de los poderes políticos a las órdenes no se limitaron sólo a las concesiones de tierra. Hay que pensar que muchas de ellas fueron acompañadas o serían más adelante completadas con traspaso de tributos o cesión de derechos de la naturaleza más diversa, en especial judiciales y comerciales. Actúa en segundo lugar la lógica de la recompensa espiritual de innumerables fieles de muy distinta categoría social que, en beneficio de sus almas, hacían entrega de bienes y limosnas a una orden que era evidentemente religiosa. La gran cantidad de cofrades y donados de que llegaron a disponer son un buen y particular ejemplo de donación generadora, en este caso, de compromisos mutuos. En el Temple, el fenómeno de la “confraternidad” resulta especialmente llamativo: en algunos territorios, como Aragón, cada encomienda disponía de su propia cofradía. Hay que tener en cuenta, en tercer lugar, los propios designios de los papas que no dejaron de utilizar a las ordenes como instrumentos de su expansivo y militantes reformismo y que, favoreciéndolas, pretendieron desvincularlas de un excesivo control episcopal, muy mediatizado este último por el poder político de los reyes. Fueron muchos los mecanismos utilizados por los papas para estrechar los vínculos de dependencia que hacia ellos tenían los órdenes militares en detrimento de las jurisdicciones intermedias de rango episcopal, el principal fue otorgarles la exención de diezmos eclesiásticos en las mismas condiciones que la disfrutaban cistercienses y otras ordenes monásticas. Era un duro golpe a la fiscalidad ordinariamente controlada por los obispos, y una importante fuente de ingresos para los freires cuyos diezmos, transferidos a las autoridades religiosas de las propias órdenes, acababan no saliendo de ellas. Era, pues, absolutamente necesario garantizar las defensas de las Ordenes y financiar el esfuerzo bélico desde Occidente. Apostar por un flujo continuo de donaciones hubiera sido demasiado arriesgado y de todas formas insuficiente. Tales donaciones eran absolutamente necesarias pero la utilización de sus productos debía ser racionalizada y maximizada. Convenía, por supuesto, provocar un verdadero impulso de simpatía y de generosidad para con el Temple y hacerlo lo más duradero posible. A continuación, habría que administrar de manera que se multiplicara la eficacia de la financiación. Sea como fuere, la multitud y la diversidad de estos presentes pronto exigió por parte de los templarios grandes aptitudes para su administración y organización. Eligieron como célula base de su desarrollo la encomienda. De hecho, aunque su creación dependió las más de las veces del azar y se hizo realidad en función de las oportunidades, su desarrollo respondió a unos criterios racionales. La organización de estas encomiendas occidentales fue bajo todos los conceptos notable. Reunieron, según las regiones, cultivos, prados, viñedos, fuentes, ríos, estanques, edificios diversos, rentas, derechos. En la medida de lo posible, los templarios trataron de crear una estructuración eficaz de las regiones en las que estaban bien implantados. Asimismo se dedicaron a echar mano de algunos lugares por haber albergado cultos antiguos y que tenían fama de poseer poderes especiales. Siempre que tuvieron oportunidad de hacerlo, teniendo la cabeza sobre los hombros, trataron igualmente de asegurarse rentas regulares más que aleatorias. Transformaron cada vez que les fue posible los derechos y porcentajes que habían recibido en cánones fijos. |




