O.S.M.T.H.



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El Temple desde el punto de vista económico-financiero IIIª Parte.
 Por Rafael Abel Díaz Balaguer.



...Lo cierto es que cada día de mantenimiento de su ejército de Oriente les costaba extremadamente caro y éste tenía que estar asegurado a toda costa. No podían permitirse estar a merced de una mala cosecha. Fue también por dicho motivo por lo que crearon un poco por doquier silos, comprando y almacenando cereal los años de gran producción y revendiéndolo, más caro por supuesto, pero a un precio que seguía siendo muy razonable, cuando había una mala cosecha. Resultado: unos beneficios cómodos para la Orden, pero también una ausencia total de hambruna en las regiones en las que la Orden estaba implantada, y ello durante los dos siglos de su existencia.

Para racionalizar la explotación de sus tierras y derechos y maximizar su rendimiento, el Temple no podía satisfacerse con las donaciones que se le hacían. Administrar tierras dispersas no hubiera sido ni muy práctico ni muy económico. La Orden inventó, así pues, la concentración parcelaria. Completó sus posesiones mediante una política de compras y permisas, tratando de formar conjuntos coherentes para la explotación. Si existían derechos detentados por terceros en las tierras o bienes que les habían sido donados, intentaba siempre recomprar dichos derechos de manera que se poseyera un máximo de bienes libres de toda carga. En cuanto a las tierras más aisladas o las de menor interés que no se integraban en el seno de una explotación racional, no dudó en desembarazarse de ellas, ya mediante permuta, ya concediendo la administración de las mismas.     La finalidad era siempre en los primeros tiempos permitir a la encomienda vivir autárquicamente, luego desprenderse de la mayor cantidad posible de remanentes, de manera que sirvieran para financiar el esfuerzo de guerra en Oriente.

Todo este inmenso patrimonio se traducía en cuantiosos beneficios, en una impresionante renta señorial constantemente renovada sobre la base de cinco grandes pilares:

Rentas de la tierra garantizadas mediante una intensa colonización de la misma y el encuadramiento de los respectivos vasallos en un sistema de dependencias bien reguladas.

Rentas jurisdiccionales derivadas del gobierno del señorío, de la normalización de las relaciones entre los vasallos, del cobro de tasas e impuestos y, sobre todo, de la aplicación de justicia.

Rentas de naturaleza comercial fundamentadas en el control del tránsito de mercancías y, sobre todo, en iniciativas mercantiles propias, así como en complementarias actividades bancarias

- Rentas de origen militar, consecuencia directa del ejercicio de las armas, de la adquisición de botín, del sometimiento tributario de poblaciones vencidas, o de derechos y competencias que, en esta materia, disfrutaban los freires en el seno de sus propios dominios.

- Rentas provenientes de la explotación de recursos pecuarios propios o del aprovechamiento indirecto de los ajenos a través del cobro de derechos de tránsito o utilización de pastos.

La riqueza de las encomiendas era debida en gran medida a su extraordinaria capacidad para la gestión de los templarios. Ella les ponía a la cabeza de lo que podríamos denominar un verdadero imperio financiero, toda vez que supieron ser también banqueros, como veremos más adelante. Pero utilizaron igualmente su experiencia para hacer progresar las técnicas de la época. En particular, mejoraron los métodos de almacenaje en silos, lo que permitió evitar durante la existencia de la Orden todas las hambrunas. Estas reaparecieron tras la desaparición del Temple.

El Temple trataba de favorecer el comercio garantizando la seguridad de los caminos, pero también disminuyendo la tarifa de los peajes. Permitir la circulación de los productos y de los bienes de una provincia a otra, de un país a otro, implicaba el cambio de moneda, la circulación del dinero. También en este terreno convenía garantizar la seguridad de los traslados y crear instrumentos monetarios adecuados. Las operaciones tradicionalmente realizadas por banqueros italianos, las más de las veces lombardos, eran extremadamente limitadas. El Temple iba a remediarlo. Beneficiándose de una formidable implantación, había de transformar sus encomiendas en ventanillas y agencias bancarias y crear un buen número de instrumentos financieros nuevos. Así, el Temple fue no sólo un gran propietario de bienes raíces, un productor, un transportista, incluso a veces un comerciante, sino también un banquero, todo ello concebido con el mismo espíritu que las multinacionales modernas.

En cada provincia de la Orden se designó a un fraile tesorero. Este estaba encargado de coordinar el conjunto de las operaciones financieras y de verificar toda la contabilidad de las casas. En efecto, a cualquier solicitud de la Orden, debía poder ser presentado inmediatamente el estado de cuentas de los ingresos y gastos de cualquiera de las casas.

Los tesoreros de la encomienda de Paris, tuvieron, por lo que a ellos se refiere, un papel de una importancia muy especial, puesto que, desde comienzos del siglo XIII, fueron los administradores del tesoro de los reyes de Francia. Administraron los fondos del Estado asumiendo en muchos aspectos, si no totalmente, el mismo papel que los futuros superintendentes de finanzas. En caso de necesidad, es decir, muy a menudo, adelantaban dinero al rey. A veces, se veían llevados a contraer préstamos en nombre del Tesoro Real, con banqueros italianos, ofreciendo su garantía de dineros públicos. Así, la encomienda de Payns estaba encargada de percibir los tributos debidos al reino en Champaña y en Flandes. Determinadas encomiendas importantes se veían revestidas de responsabilidades financieros lo suficientemente pesadas como para que se juzgara conveniente que el tesorero fuera ayudado por unos contables y cajeros.

A pesar del cuidado puesto en proteger las rutas, no era cuestión de tentar al diablo llevando encima sumas considerables. Ahora bien, las transacciones realizadas con ocasión de las ferias podían suponer cantidades enormes de dinero. El problema del traslado de fondos hacia Oriente se planteaba también de manera crucial. Los cruzados eran muy a menudo inducidos a pedir prestadas sumas considerables in situ que se comprometían a reembolsar a su regreso a Europa. ¿Cómo facilitar ese juego financiero sin correr excesivos riesgos?.

Los frailes del Temple pusieron a punto toda una gama de instrumentos financieros prácticos y seguros, de los que podemos decir que apenas si difieren en sus principios de los modernos bancos. La encomienda de la Orden se transformaron en un principio en agencias bancarias de depósito. Ellas no eran, por otra parte, las únicas ni las primeras en desempeñar este papel. Tal era a menudo el caso de los monasterios, bastantes seguros en la medida en que los salteadores dudaban en violar los lugares de culto. En el caso de los templarios, aparte de dicha protección de entrada, los depositantes podían contar con una defensa a mano armada de sus bienes. Estos monjes eran soldados y ello constituía una gran garantía suplementaria digna de ser tenida en cuenta por su la otra no hubiera bastado.

En el plano técnico, la gama de los instrumentos desarrollados por la Orden era muy vasta.

- Fueron los predecesores de los cheques de viajeros ya que sus notas o documentos eran pagados al portador a su presentación en cualquier parte del mundo.

- Fueron también los predecesores de los valores en custodia de toda la realeza europea.

- Aportaron conocimientos de contabilidad bancaria por la misma razón de administrar adecuadamente los dineros, metales (oro, plata o otros), bienes y servicios.

- Aportaron los primeros conocimientos sobre las “Cartas de Crédito” ya que eran los importadores y exportadores de la época en toda Europa y el Oriente.

- Los primeros intermediarios financieros (préstamos y colocaciones) de la banca de la época, y

- Difundieron la “Letra de Cambio” que se utiliza hoy por los comerciantes y empresarios para realizar operaciones de descuentos y redescuentos en los diversos bancos del mundo.

Realmente cuando estemos viajando por el mundo con nuestros cheques de viajeros o traveler checks, tenemos que recordar a “Los Templarios”. Así pues, cuando se abre una carta de crédito para efectuar el pago de un bien ó servicio de un país a otro ó de una región a otra, nos debemos acordar también de “Los Templarios”.

Y muy al contrario de lo que se decía “Los Templarios” revertían su enriquecimiento al pueblo al mejorar las condiciones de vida para todos. En la actualidad, podemos decir, que la Orden de “Los Caballeros Templarios” era una gran multinacional ética y representaron a la organización financiera más grande que se haya conocido.



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