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Los
templarios y la Masonería
Por Giovanni Luisio Mass. Comendador de la OSMTH en Venezuela. Prioratos Internacionales de México e Italia y la Unión Latino Americana de Templarios OSMTH ¿Realmente tuvieron relación los primeros templarios con la Masonería o es solo falsedades y Mitos? A
pesar de haber desaparecido como orden militar en la segunda mitad
del siglo XIV en la actualidad no son pocos los grupos que se
reivindican como sucesores de los templarios y que, a la vez,
mantienen una clara conexión con la masonería. ¿Se trata de meros farsantes con pretensiones delirantes o realmente tuvieron alguna relación los primeros templarios con el nacimiento de la masonería? La peripecia de los caballeros del Temple es, sin ningún género de dudas, uno de los episodios más apasionantes no sólo de la Edad Media sino de toda la Historia universal. De hecho, su mismo final parece apuntar más a un inicio que a una verdadera conclusión. El 18 de marzo de 1314 era quemado en París el Maestre de los templarios, Jacques de Molay, tras un proceso que había durado más de un lustro. Desde su pira mortuoria, de Molay emplazó a Felipe el Hermoso de Francia, a Guillermo de Nogaret, mayordomo del monarca, y al Papa Clemente, desarticulador de la orden para que antes de que concluyera el año comparecieran ante el tribunal de Dios para responder del proceso y la condena de los templarios. De manera escalofriante, los tres emplazados fallecieron antes de que se cumpliera el año y además en el caso de la dinastía reinante en Francia una dinastía que no había tenido problemas de sucesión a lo largo de tres siglos se produjo una extinción dramática en breve tiempo. El
proceso de los templarios, íntimamente relacionado con su
disolución por decisión papal, sacó a
la luz un
cúmulo de acusaciones que iban desde la práctica
de la
sodomía, un pecado relativamente menor, a la
utilización
de la magia negra en ceremonias secretas y a la blasfemia
idolátrica.
Que Felipe de Francia, ansioso por obtener más fondos y
despojador poco antes de los judíos, buscaba
fundamentalmente
llenar sus arcas parece fuera de duda; que Guillermo de Nogaret le
sirvió buscando no el que resplandeciera la justicia sino
beneficiar a su señor es innegable y que el Papa Clemente se
plegó a las presiones del monarca galo, en parte, por miedo
y,
en parte, por superstición parece muy difícil de
discutir. Tampoco puede cuestionarse que Molay y otros acusados
fueron sometidos durante años a tormento y que,
posteriormente, renegaron de las confesiones suscritas bajo el efecto
de la tortura, un hecho que precipitó precisamente su
condena
a la pena capital. Sin embargo, existe más de una
posibilidad
de que las acusaciones vertidas contra la orden del Temple no fueran
del todo falsas.
Fundada
al calor de la I Cruzada, la orden del Temple fue el primer intento
de establecer una entidad que incorporara tanto el factor
monástico
con el militar en su vocación espiritual. De ahí
que
recibiera el apoyo entusiasta de san Bernardo y que no pocos reyes
incluidos monarcas de los reinos españoles la miraran con
agrado y la favorecieran. Los templarios se convirtieron en un
ejército eficacísimo en la lucha contra el Islam
al
igual que sucedería poco después con los
Hospitalarios.
Sin embargo, a diferencia de éstos que se ocupaban de
enfermos, necesitados y heridos, no contaron con ningún
énfasis en cuestiones relacionadas con el ejercicio de la
caridad y no tardaron en entregarse a funciones de carácter
bancario que casaban mal con su vocación de monjes soldados.
Por si fuera poco, algunos de los caballeros templarios no tardaron
en sentirse atraídos por corrientes gnósticas
orientales manteniendo unas relaciones sospechosamente cordiales con
grupos como la secta musulmana de los hashishim o asesinos. En
qué
medida esta suma de elementos inficionó a la orden es
difícil
de establecer.
Que
perdió buena parte de su carga espiritual primigenia y que
no
pocas veces funcionó más como una entidad
crediticia
que espiritual es innegable. Cuestión aparte es que,
efectivamente, fuera culpable de los cargos formulados contra ella en
el proceso orquestado por Felipe el Hermoso. De hecho, cuando la
orden fue disuelta y se procedió a juzgar a sus caballeros
en
otras partes del mundo por regla general obtuvieron sentencias
absolutorias. En España, por ejemplo, ninguno de los
monarcas
se opuso al proceso y, por el contrario, se permitió que los
legados papales lo llevaran a cabo sin interferencias. El resultado
fue que no se dictó una sola condena en el ámbito
de
Castilla, Navarra, Portugal o Aragón. Incluso puede
añadirse
que aunque los templarios tenían la posibilidad de cobrar
una
pensión procedente de los fondos de la disuelta orden y
retirarse, prefirieron integrarse en su mayoría en otras
órdenes militares, lo que no sólo no
chocó con
objeciones sino que recibió un inmenso apoyo.
Aún más. Cuando antiguos templarios dieron origen a nuevas órdenes como la de Montesa la iniciativa fue acogida favorablemente tanto por las autoridades eclesiásticas como por las civiles. En términos generales, por lo tanto, la orden del Temple no se había visto contaminada por los hechos que se le imputaban y así se entendió en la época. En términos generales porque excepciones de enorme relevancia las hubo. Por ejemplo, un grupo de templarios franceses marchó a Escocia donde Roberto el Bruce se enfrentaba con los ingleses un episodio reflejado en parte por la película Braveheart y se puso a su servicio. El rey Roberto los acogió entusiasmado no en vano eran magníficos guerreros y quizá incluso llevaban consigo fondos salvados del expolio de la orden y los utilizó para vencer militarmente a los ingleses y conservar la independencia de Escocia. |




